martes, 10 de abril de 2012

EL GARITO DE LA LILY


Está en el mismo extrarradio
de una ciudad importante,
un garito de la noche
que ofrece como derroche
la actuación de una cantante.

Cantante de gran glamour
en épocas ya pasadas,
pero hoy debido a la edad,
muestra la mediocridad
a través de sus baladas.

Tiene un estilo atrevido
y hace gestos y hace “cosas”
cuando sube hasta el templete,
porque así se cree “vedette”
y hasta piensa que es hermosa.

Un pianista y su piano,
que entre notas desafina,
da a la voz aguardentosa
un bemol de tabacosa
con un re de bailarina.

El local que a media luz
deja en las paredes grecas,
con los humos del tabaco
y olores de los sobacos
salen figuras chinescas.

Con las medias de color,
que enseñan una carrera,
que corre por la rodilla
al son de una tonadilla…
que habla de una cantinera

Es la Lily que cantando,
con los aplausos disfruta,
así evade pesadillas
y el picor de las ladillas…
de cuando fue prostituta.

Dos borrachos feos y gachos,
con aliento perfumado
de un alcohol de garrafón,
se aburren de la función
y el “follón” ya está liado.

Rueda una botella rota,
hay insultos y amenazas,
pero Lily no se altera,
ni la asustan calaveras
y sigue con sus romanzas.

Rasga el aire una navaja,
una silla da un crujido
y una mesa se desploma,
da un grito una matrona
y alguien dice… yo no he sido.

La sangre muestra su rojo
y viene la policía,
(por cierto motorizada)
que acaba en una redada…
todos a comisaría.

El garito clausurado
y los presos dando quejas,
pero Lily sin enojos,
aunque le lloran los ojos…
sigue cantando entre rejas.

Tinuco

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