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Dulcemente la cantaba
y ella alegre sonreía
en lo alto del caserío,
mientras las vacas pastaban
y mientras el sol lucía
reflejándose en el
río. |
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Sus ojos eran candiles
chisporroteando amores
a la lumbre de los míos.
Nuestras caricias febriles
entre retamas de flores
decían: ¡¡cariño mío!!.
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Cada arrumaco y mohín
era un adorno del cielo
que tañía en el corazón.
Cada palabra un tilín
que se escapa en su vuelo
sin pedir explicación. |
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Veinticuatro horas del día
no bastaban para amar
en aquel bendito edén.
Cada minuto pedía
el no quererse acabar
y el no mostrar un
desdén. |
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Pero negros nubarrones,
surgidos por el destino,
turbaron aquella cita
y de aquellas vibraciones
ya se extinguieron los
trinos
y lo que queda son
cuitas. |
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Desolado el caserío
donde la risa brotaba
al son de los sus amores,
hasta turbio baja el río,
ya no hay vacas que
pastaban,
marchitas están las
flores |
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Cada uno a un lugar
les separó el infortunio
que en el recuerdo da
llantos.
Ya sólo se ve el vagar
de una luna en plenilunio
que refleja los quebrantos.
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Una lágrima patina,
agria como la añoranza
de perder cuanto has
perdido.
AMOR que se vuelve inquina
es como herida de lanza
que te deja mal
herido. |
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Y ya no esperes piedad,
el tiempo trae lo indolente,
borrando el bello color.
Yo sigo sin buscar paz,
diciendo incesantemente…
¡¡Amor que te fuiste amor!!.
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1 comentario:
Tinuco me enternece y más en este poema.
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